
Una novelita clásica española de los años 60, es la más reconocida de Juan Marsé, escritor catalán. Últimas tardes con Teresa se inscribe en el contexto de la Barcelona de 1956, durante la dictadura de Franco. A esta novela la veo de distintas formas:
Primero, como un retrato de la sociedad Barcelonesa, tanto de clases populares como de la pequeña burguesía. En su enfrentamiento, en sus diferencias tanto económicas y morales.
Segundo, una historia de amor entre dos personajes que aspiran llegar (y utilizo el verbo de manera no rigurosa pero bueno) a la clase opuesta a la que pertenecen, ambos idealizándolas.
Y por último, ver estos dos paradigmas como la base en la que se desarrolla el tema principal de la novela: El deseo. Un deseo amoroso por un lado, sí, que sin embargo se confunde con el deseo de realizarse de cada uno. Porque bien podriamos hablar de una historia medio estereotipada, un hombre de clase baja buscando salir de su situación tratando de conseguir a la rubiecita burguesa. Pero es interesante el juego que hay entre ambos personajes, primero unidos por la tragedia, la culpa y la empatia, la atracción de Pijoaparte (Manolo) por la niña bien y de Teresa de estar con el que cree un lider sindical o algo importante.
Para ponerlo en palabras más claras, tenemos a Manolo buscando una afirmación de su propio valor en la sociedad. Y a Teresa buscando una afirmación de su propia justicia, lo que es tal vez lo mismo que Manolo, una afirmación de su valía al no limitarse a ser una cara bonita con mucho dinero y un Buen Matrimonio.
Lo bueno es que esa utilización (porque realmente es eso, ¿no?) del otro para satisfacer sus deseos no están presentes de manera superficial. La novela se sostiene y es tan agradable de leer porque la narración está empapada en ese deseo. Es la historia de un amor que no es una isla aislada, se corresponde a un contexto social y sobre todo a las aspiraciones de cada personaje. Y de una manera muy concreta, porque cada vez que el amor aparece en la novela vemos que no se trata tan solo del acto en sí, de los besos y las caricias y las cogidas que se den, sino también todo lo que lo rodea. Por ejemplo, los besos apasionados en la playa a los ojos de personas que no pueden creer la relación de Teresa y Manolo, o las noches en las que Pijoaparte se escabulle en la mansión en la playa de los Serrat. En esta última se ve muy claro con esas largas descripciones donde el amor se ve impregnado del lujo que lo rodea, lo hace más grande, y se siente el peso de la mansión en cada caricia.
Aunque no es lo que más me atrae, un poco por ser topicazos, hay que que decir que el narrador no hace mayores concesiones: ridiculiza la moral burguesa conservadora, a los revolucionarios pijos de la uni, y no se queda en sentimentalismos sobre la pobreza y la humildad. La novela sí que es un cuestionamiento al conformismo, y en un episodio nos muestra que las clases bajas, contrario a lo que pensaba nuestra querida Teresa, no están exentas de la vulgaridad y de ser despreciables. Esto es cuando convence a Manolo a ir a una fiesta popular en el Montecarmelo y termina siendo manoseada por un loco (o eran varios? qué capitulo angustiante) en pleno baile.
La verdad es que no me encantó por ser una crítica social acertada, ni por la trama (que tiene sus sorpresas), sino principalmente por su lenguaje y personajes. Es la prosa de Marsé la que le da un aire mágico, de desbordante deseo y ambición a la vida de Pijoaparte. Ese desdén por el conformismo de su barrio, el Montecarmelo, de su familia, de la Hortensia y Maruja.
Y que se traduce en la omisión de la vida cotidiana de Manolo en su Montecarmelo, porque conocemos de ella indicios y episodios pero da la sensación de que se nos oculta algo, de la misma manera que Manolo se lo oculta a Maruja y a Teresa. Pero no algo misterioso sino más bien increíblemente ordinario. Una omisión significativa. Porque es la misma que probablemente hace Manolo, ya que para él su vida realmente son las aventuras de Pijoaparte.
La forma en que está escrito todo es el paso de un tipo seductor, descarado y miserable a un tipo igual de seductor, descarado y miserable, pero por el que sientes simpatía. Porque es un desgraciado al que se le odia en momentos de la novela (y con mucha razón). Pero que tiene una voluntad verdaderamente admirable, dándose el lugar que desea. Es sensible y apasionado. Lo ves desafiar la fatalidad de que debe morir en la mediocridad, y en la resignación de la pobreza. Un tipo al que no le importan los medios. Un tipo encantador, en verdad, difícil de no alentar.
Es un buen libro. Si tienen ganas de una historia de amor está muy bien, aunque se le puede sacar bastante más. Como dije, el estilo de Marsé me gustó bastante, y tiene pinta de ser buen novelista (yo la leí bastante enganchado). Así que sí, lean a Marsé.