art decó cucú cucú
martes, 30 de octubre de 2018
Pececito
Durante años X se dedicó a la escritura. X era un lector empedernido de Tal, Tal, y Tal. Fue a la universidad y estudió Literatura comparada. Como pudo, se dedicó a escribir con esa hambre que caracteriza a los jovenes escritores. Todo cuanto escribía era una derivación de aquellos escritores que tanto admiraba, una reinterpretación informe y pueril de lo que tanto amaba. X dio clases en institutos. X se vio frustrado por su falta de habilidad para escribir algo original, que proviniera solo de él. X envejeció. X dio clases en la universidad, dedicándose al menos a expresar esa gran admiración a futuras generaciones, a los jovenes escritores que le relevaban. Aunque X escribía, todavía escribía. Hasta que un día nació de él una idea original. Era pequeña y bonita, sosteniala él haciendo un pequeño cuenco de agua. Un pececito azul nadaba alegremente en sus manos. Frente a él, estaba el vasto oceano.
sábado, 24 de junio de 2017
Últimas Tardes con Teresa - Juan Marsé

Una novelita clásica española de los años 60, es la más reconocida de Juan Marsé, escritor catalán. Últimas tardes con Teresa se inscribe en el contexto de la Barcelona de 1956, durante la dictadura de Franco. A esta novela la veo de distintas formas:
Primero, como un retrato de la sociedad Barcelonesa, tanto de clases populares como de la pequeña burguesía. En su enfrentamiento, en sus diferencias tanto económicas y morales.
Segundo, una historia de amor entre dos personajes que aspiran llegar (y utilizo el verbo de manera no rigurosa pero bueno) a la clase opuesta a la que pertenecen, ambos idealizándolas.
Y por último, ver estos dos paradigmas como la base en la que se desarrolla el tema principal de la novela: El deseo. Un deseo amoroso por un lado, sí, que sin embargo se confunde con el deseo de realizarse de cada uno. Porque bien podriamos hablar de una historia medio estereotipada, un hombre de clase baja buscando salir de su situación tratando de conseguir a la rubiecita burguesa. Pero es interesante el juego que hay entre ambos personajes, primero unidos por la tragedia, la culpa y la empatia, la atracción de Pijoaparte (Manolo) por la niña bien y de Teresa de estar con el que cree un lider sindical o algo importante.
Para ponerlo en palabras más claras, tenemos a Manolo buscando una afirmación de su propio valor en la sociedad. Y a Teresa buscando una afirmación de su propia justicia, lo que es tal vez lo mismo que Manolo, una afirmación de su valía al no limitarse a ser una cara bonita con mucho dinero y un Buen Matrimonio.
Lo bueno es que esa utilización (porque realmente es eso, ¿no?) del otro para satisfacer sus deseos no están presentes de manera superficial. La novela se sostiene y es tan agradable de leer porque la narración está empapada en ese deseo. Es la historia de un amor que no es una isla aislada, se corresponde a un contexto social y sobre todo a las aspiraciones de cada personaje. Y de una manera muy concreta, porque cada vez que el amor aparece en la novela vemos que no se trata tan solo del acto en sí, de los besos y las caricias y las cogidas que se den, sino también todo lo que lo rodea. Por ejemplo, los besos apasionados en la playa a los ojos de personas que no pueden creer la relación de Teresa y Manolo, o las noches en las que Pijoaparte se escabulle en la mansión en la playa de los Serrat. En esta última se ve muy claro con esas largas descripciones donde el amor se ve impregnado del lujo que lo rodea, lo hace más grande, y se siente el peso de la mansión en cada caricia.
Aunque no es lo que más me atrae, un poco por ser topicazos, hay que que decir que el narrador no hace mayores concesiones: ridiculiza la moral burguesa conservadora, a los revolucionarios pijos de la uni, y no se queda en sentimentalismos sobre la pobreza y la humildad. La novela sí que es un cuestionamiento al conformismo, y en un episodio nos muestra que las clases bajas, contrario a lo que pensaba nuestra querida Teresa, no están exentas de la vulgaridad y de ser despreciables. Esto es cuando convence a Manolo a ir a una fiesta popular en el Montecarmelo y termina siendo manoseada por un loco (o eran varios? qué capitulo angustiante) en pleno baile.
La verdad es que no me encantó por ser una crítica social acertada, ni por la trama (que tiene sus sorpresas), sino principalmente por su lenguaje y personajes. Es la prosa de Marsé la que le da un aire mágico, de desbordante deseo y ambición a la vida de Pijoaparte. Ese desdén por el conformismo de su barrio, el Montecarmelo, de su familia, de la Hortensia y Maruja.
Y que se traduce en la omisión de la vida cotidiana de Manolo en su Montecarmelo, porque conocemos de ella indicios y episodios pero da la sensación de que se nos oculta algo, de la misma manera que Manolo se lo oculta a Maruja y a Teresa. Pero no algo misterioso sino más bien increíblemente ordinario. Una omisión significativa. Porque es la misma que probablemente hace Manolo, ya que para él su vida realmente son las aventuras de Pijoaparte.
La forma en que está escrito todo es el paso de un tipo seductor, descarado y miserable a un tipo igual de seductor, descarado y miserable, pero por el que sientes simpatía. Porque es un desgraciado al que se le odia en momentos de la novela (y con mucha razón). Pero que tiene una voluntad verdaderamente admirable, dándose el lugar que desea. Es sensible y apasionado. Lo ves desafiar la fatalidad de que debe morir en la mediocridad, y en la resignación de la pobreza. Un tipo al que no le importan los medios. Un tipo encantador, en verdad, difícil de no alentar.
Es un buen libro. Si tienen ganas de una historia de amor está muy bien, aunque se le puede sacar bastante más. Como dije, el estilo de Marsé me gustó bastante, y tiene pinta de ser buen novelista (yo la leí bastante enganchado). Así que sí, lean a Marsé.
sábado, 28 de enero de 2017
Intro del blog, antipoemas y esas cosas
Intro del blog, antipoemas y esas cosas
no soy ninguna Autoridad respecto a los libros, he leído más bien poco y todavía mexpreso más bien mal.
Pero espero no tenga mayor importancia para lo que quiero hacer en este blog. Pienso ir dejando lo que voy pensando sobre las cosas que voy leyendo.
Y quiero que esto sea un lugar libre de ciertos complejos. Un lugar de cura sin sotana y en bermudas, o de abogado en bermudas, o caballo en bermudas. Un lugar, digamos de un metro cuadrado, en el que se está algo apretado, sí, con sus claras limitaciones, pero de cierta cercanía. Y que sé que es mío y puedo invitar a un amigo cualquiera a pasar y sentarnos en sillas de plástico y poner una alfombra peluda y hablar de más o menos cualquier cosa. Con esa libertad y desenfado que nace de la amistad.
Mis credenciales como crítico no son espectaculares, y para ser sincero desconozco del todo en qué consiste una buena crítica. Solo tengo la vaga certeza de dos cosas al momento de hablar de literatura: la primera es que no hay que caer en el artificio, en la floritura. Aquí voy a tratar de escribir un poco desde la informalidad es cierto, pero lo que me interesa es que se me entienda y entusiasmar. Afilar las palabras para escribir cada día más sencillo, preciso y bonito. La segunda, que hay que ser honesto.
Y honestamente, soy un bruto lanzando recomendaciones al aire con la esperanza de romperle la cabeza a alguien, animándolo a leer libros que a mi me maravillaron.
Y lanzando la primera roca les voy a hablar sobre mi poeta favorito, Nicanor Parra.
Resulta que hace no mucho, cuando recién me interesaba por la poesía, agarré una antología de Neruda de la biblioteca. No encontré nada que me enganchara. Nada. Disfruté muy feliz de los poemas de «20 poemas de amor y una canción desesperada». Pero más allá de eso, nada. Y todavia es así. Neruda me dejo pensando que la poesía no era lo mío. No la entendía, me distraía, me aburría terriblemente. Hasta que semanas más tarde, sin saber ni qué era, vi de pasada unos «Poemas y Antipoemas» de un tal Nicanor Parra, y como a tantos, lo de antipoemas me llamó la atención.
Resulta que en el mismo año, 1954, publica Neruda «Odas Elementales» y Nicanor «Poemas y Antipoemas».
Mientras Neruda hacía solemnemente odas a cucharas, tenedores, turrones de azúcar, gran etc. Nicanor Parra hacia una oda a unas palomas malvadas, donde aboga por matarlas (o por lo menos eso insinúa); y la defensa al arbol contra un pobre niño JAJAJAJA
Tiene sentido entonces que el poeta archienimigo de Neruda, el poeta profesor de matemáticas, el poeta cura sin sotana que baila de puntillas mientras canta y aplaude con los pies fuera el primer poeta que me llegó. Nicanor Parra. Lo que no encontré en esa poesía «solemne» de Neruda que sentía algo lejana y fría, lo encontré en la antipoesía de Parra. Esa Antipoesía, y decirlo es un lugar común terrible pero no debe dejar confusión, que no es contraria a lo que debe ser la poesía. La antipoesía es en definitiva poesía, y afirmar lo contrario es falso. Como diría Bolaño, es poesía de la más vital. Y que lleva ese nombre solo por su carácter rupturista. Separándose de los románticos, de los surrealistas, de los comprometidos socialmente, de todos los poetas abanderados, o poetas «pequeño dios»; por extensión de los excesos de todos ellos en sus momentos más ridículos.
La antipoesía la encontré más cercana creo que fue por eso, porque hay un deseo de decir algo honesto mediante el desengaño y la ironía. Con un humor que desacraliza todo: a lo religioso, a lo profano, a lo ideológico, y a la misma poesía. Un humor que pasa bailando al borde del abismo con una guadaña, y del que huyen atemorizadas todas las palabras que empezamos con mayúsculas. La guadaña tala esos pedestales en las que se encuentran, destruye toda pedantería, para luego volver a construir resaltando qué es lo realmente importante. Algo muy necesario, y más importante aún, que te hace reir muchísimo.
Bueno, como él hay otros (Aquiles Nazoa, Cortázar, Bolaño) que han sido para mí eso, razones por las que la literatura sea mi norte y lo que más me importa.
Claro que hay mucha literatura que prescinde totalmente del humor y es una maravilla, que destruye y construye igual. Nada sé yo de literatura. Nada sé yo sobre lo que es la buena literatura. También la seriedad a dado a luz a grandes escritores, creo. Sé, y esto si que lo sé con una seguridad abismal, que disfruto ser lector y que expresar esa alegría que me dan ciertos libros es lo menos que puedo hacer.
Son muchas las cosas como las canciones, las película, los videojuegos de las que hablamos de manera casual. Cosas que nos hacen felices y compartimos. El libro es un compromiso más grande, en cuanto a tiempo y dedicación, y está marcado por el estigma de la Seriedad y lo Inteligente (mitos por supuesto). Los lectores somos minoría y siempre hemos sido y seguiremos siendo. Razones de peso para evitar que se pueda hablar de literatura con la misma casualidad. ¡Pero tendríamos que protestar! ¡Una huelga de hambre en mi terreno de un metro cuadrado! ¡Quitemonos los zapatos, las medias y los pantalones! ¡Quitemonos la solemnidad! Como dijo el Cristo de Elqui hay que poseerla y humillarla en pùblico -a la literatura- después se verá lo que se hace.
La Discusión Literaria será a torso Desnudo, con las Bermudas firmes.
O no será.
Pero ojalá que sí sea.
LA
POESÍA
MORIRÁ
SI NO
SE LA
OFENDE
hay
que poseerla
y humillarla en público
después se verá
lo que se hace
-Nicanor Parra
Pero espero no tenga mayor importancia para lo que quiero hacer en este blog. Pienso ir dejando lo que voy pensando sobre las cosas que voy leyendo.
Y quiero que esto sea un lugar libre de ciertos complejos. Un lugar de cura sin sotana y en bermudas, o de abogado en bermudas, o caballo en bermudas. Un lugar, digamos de un metro cuadrado, en el que se está algo apretado, sí, con sus claras limitaciones, pero de cierta cercanía. Y que sé que es mío y puedo invitar a un amigo cualquiera a pasar y sentarnos en sillas de plástico y poner una alfombra peluda y hablar de más o menos cualquier cosa. Con esa libertad y desenfado que nace de la amistad.
Mis credenciales como crítico no son espectaculares, y para ser sincero desconozco del todo en qué consiste una buena crítica. Solo tengo la vaga certeza de dos cosas al momento de hablar de literatura: la primera es que no hay que caer en el artificio, en la floritura. Aquí voy a tratar de escribir un poco desde la informalidad es cierto, pero lo que me interesa es que se me entienda y entusiasmar. Afilar las palabras para escribir cada día más sencillo, preciso y bonito. La segunda, que hay que ser honesto.
Y honestamente, soy un bruto lanzando recomendaciones al aire con la esperanza de romperle la cabeza a alguien, animándolo a leer libros que a mi me maravillaron.
Y lanzando la primera roca les voy a hablar sobre mi poeta favorito, Nicanor Parra.
Resulta que hace no mucho, cuando recién me interesaba por la poesía, agarré una antología de Neruda de la biblioteca. No encontré nada que me enganchara. Nada. Disfruté muy feliz de los poemas de «20 poemas de amor y una canción desesperada». Pero más allá de eso, nada. Y todavia es así. Neruda me dejo pensando que la poesía no era lo mío. No la entendía, me distraía, me aburría terriblemente. Hasta que semanas más tarde, sin saber ni qué era, vi de pasada unos «Poemas y Antipoemas» de un tal Nicanor Parra, y como a tantos, lo de antipoemas me llamó la atención.
Resulta que en el mismo año, 1954, publica Neruda «Odas Elementales» y Nicanor «Poemas y Antipoemas».
Mientras Neruda hacía solemnemente odas a cucharas, tenedores, turrones de azúcar, gran etc. Nicanor Parra hacia una oda a unas palomas malvadas, donde aboga por matarlas (o por lo menos eso insinúa); y la defensa al arbol contra un pobre niño JAJAJAJA
Tiene sentido entonces que el poeta archienimigo de Neruda, el poeta profesor de matemáticas, el poeta cura sin sotana que baila de puntillas mientras canta y aplaude con los pies fuera el primer poeta que me llegó. Nicanor Parra. Lo que no encontré en esa poesía «solemne» de Neruda que sentía algo lejana y fría, lo encontré en la antipoesía de Parra. Esa Antipoesía, y decirlo es un lugar común terrible pero no debe dejar confusión, que no es contraria a lo que debe ser la poesía. La antipoesía es en definitiva poesía, y afirmar lo contrario es falso. Como diría Bolaño, es poesía de la más vital. Y que lleva ese nombre solo por su carácter rupturista. Separándose de los románticos, de los surrealistas, de los comprometidos socialmente, de todos los poetas abanderados, o poetas «pequeño dios»; por extensión de los excesos de todos ellos en sus momentos más ridículos.
La antipoesía la encontré más cercana creo que fue por eso, porque hay un deseo de decir algo honesto mediante el desengaño y la ironía. Con un humor que desacraliza todo: a lo religioso, a lo profano, a lo ideológico, y a la misma poesía. Un humor que pasa bailando al borde del abismo con una guadaña, y del que huyen atemorizadas todas las palabras que empezamos con mayúsculas. La guadaña tala esos pedestales en las que se encuentran, destruye toda pedantería, para luego volver a construir resaltando qué es lo realmente importante. Algo muy necesario, y más importante aún, que te hace reir muchísimo.
Bueno, como él hay otros (Aquiles Nazoa, Cortázar, Bolaño) que han sido para mí eso, razones por las que la literatura sea mi norte y lo que más me importa.
Claro que hay mucha literatura que prescinde totalmente del humor y es una maravilla, que destruye y construye igual. Nada sé yo de literatura. Nada sé yo sobre lo que es la buena literatura. También la seriedad a dado a luz a grandes escritores, creo. Sé, y esto si que lo sé con una seguridad abismal, que disfruto ser lector y que expresar esa alegría que me dan ciertos libros es lo menos que puedo hacer.
Son muchas las cosas como las canciones, las película, los videojuegos de las que hablamos de manera casual. Cosas que nos hacen felices y compartimos. El libro es un compromiso más grande, en cuanto a tiempo y dedicación, y está marcado por el estigma de la Seriedad y lo Inteligente (mitos por supuesto). Los lectores somos minoría y siempre hemos sido y seguiremos siendo. Razones de peso para evitar que se pueda hablar de literatura con la misma casualidad. ¡Pero tendríamos que protestar! ¡Una huelga de hambre en mi terreno de un metro cuadrado! ¡Quitemonos los zapatos, las medias y los pantalones! ¡Quitemonos la solemnidad! Como dijo el Cristo de Elqui hay que poseerla y humillarla en pùblico -a la literatura- después se verá lo que se hace.
La Discusión Literaria será a torso Desnudo, con las Bermudas firmes.
O no será.
Pero ojalá que sí sea.
LA
POESÍA
MORIRÁ
SI NO
SE LA
OFENDE
hay
que poseerla
y humillarla en público
después se verá
lo que se hace
-Nicanor Parra
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
